
En la terraza del restaurante del campamento, antes de la hora de cenar, se arremolinaban alrededor de un ordenador portátil, algunos guias, y trabajadores del campamento viendo un vídeo del amargo final, de la vida de Gadaffi. Me aleje tanto como pude de esa situación, no quise escuchar, ni tan solo el sonido de aquello. Subí a la duna mas alta de las que rodeaban el campamento, para ver una vez mas la puesta de sol en el desierto.Algo de lo que disfruto cada vez como si fuera la primera, y siempre temiendo que pueda ser la ultima... Enfrente del campamento y hasta donde alcanza la vista, hay algunas casuchas desperdigadas, de adobe, donde viven algunos pastores con sus familias. De una de aquellas casuchas, vi salir en dirección hacia donde yo estaba, dos niñas . Venían cogidas de la mano, sin hablar entre ellas. Tendrían entre seis y ocho años, descalzas algo desarrapadas en su ropa y el pelo revuelto.
Pensé que irían a alguna otra casa distante, pero cada vez se acercaban mas a mi. Empezaron a subir mi duna, con experiencia, mirándome fijamente. Entonces, cuando ya estaban cerca de mi, vi que llevaban una bolsa tipo zurrón colgado. Se sentaron a mi lado, y las salude con una sonrisa y un saludo en árabe para que perdieran ese aire mezcla de miedo ante mi reacción y vergüenza por irrumpir en mi lugar .Sin contestar, pero ya con una sonrisa , comenzaron a sacar de la bolsa y a depositar sobre la arena , unos camellos hechos a mano, cada uno diferente del otro, en fila, como si de una caravana se tratara. Sentí una gran ternura por ellas, al pensar de donde habrian conseguido todos aquellos materiales y la imaginacion,para hacerlos tan diferentes entre si. Fui descartando los que menos me gustaban, y , entre los que mas me gustaron, entre las tres votamos por el que les compre.
Cuantas horas dedicarían estas niñas a hacer estos muñecos, a la luz de las velas, quitando horas al sueño incluso, a la escuela, para ofrecer estos trabajos a los turistas que se acercan hasta el desierto de Merzouga.
El profesor solo acude una vez por semana a la escuela, ya que es el mismo para varias escuelas y además, siempre tiene una excusa para no ir. Esto me explicaba la cocinera del campamento, cuando al día siguiente, le contaba todo esto, mientras yo le enseñaba a hacer lo que le había contado eran las torrijas, que se tomaban en Andalucia en semana santa. También le conté lo que era la semana santa.
Con el típico pan árabe no se pueden hacer, así que hicimos primero una barra de pan el día anterior.
Después la enseñe a cortarlo en rebanadas de dos dedos, y a pasarlas primero por leche tibia, luego por huevo batido, y después fritas en aceite. Una vez pasadas por papel absorbente, se pasaban por un plato donde habíamos puesto azúcar y abundante canela.. Les encanto. Tanto que mientras estuve allí los vi comerlas a todas horas
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